Te voy a decir algo que probablemente ya sospechabas.
Cuando le dices a tu doctor que amaneces hinchada, él anota "sobrepeso leve" y te manda a bajar de peso.
No porque quiera engañarte.
Sino porque nunca le enseñaron otra cosa que decirte.
Y aquí está la frase que se le queda en la cabeza y nunca llega a la tuya:
Tú no tienes un problema de grasa. Tienes un problema de agua.
Dos cosas distintas.
Dos causas distintas.
Y dos soluciones distintas.
Una se combate con déficit calórico. La otra no responde al déficit calórico en absoluto — puedes comer 1,200 calorías durante seis meses y seguir amaneciendo con la cara marcada.
Lo veo a los 35.
Lo veo a los 42.
Lo veo a los 51.
Mujeres que llegan con la dieta hecha, el gimnasio pagado y la misma pregunta:
"¿Entonces qué más quieres que haga?"
De hecho, si ya hiciste dieta y la cara no cambió, ya tienes tu respuesta.
Solo que nadie te la tradujo.
Hasta ahora. Hasta este texto.